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Los pasajes históricos de la corte francesa, evocan a LUIS XIV como EL REY SOL, quien profirió la célebre frase, “EL ESTADO SOY YO”, que describe el poder absoluto en la figura del Monarca. Cuando muere el Rey Sol, su hijo LUIS XV, se le describe como una persona pervertida, por la gran cantidad de amantes cuyos lujos eran pagados con los impuestos de los ciudadanos; y, en la misma saga familiar, se perfila la figura de la Reina María Antonieta, esposa del Rey Luis XVI, calificada por sus detractores, como una persona superficial, frívola, díscola, entrometida, y, derrochadora. Le gustaba financiar fiestas extravagantes, y vestuarios costosos, joyas, con el dinero de los contribuyentes. Tenía un carácter dominante, y le gustaba entrometerse en los asuntos del Estado, sin que su esposo le pusiera límites.

El nepotismo, y los actos de corrupción imperaban en la Corte de Versalles, porque solo los allegados, amigos y familiares podían acceder a los favores de los monarcas. En retrospectiva, analistas políticos describen que Panamá se rige por un sistema Presidencialista, sinónimo del sistema monárquico heredado de la Corte de Versalles.

Recordemos cuando el Presidente Juan Carlos Varela manifestó entre sus principales eslogan de campaña: “El Pueblo Primero”, “Más Plata en tu Bolsillo” y “No Más Impuestos”, que tenía como finalidad no asfixiar más a una clase media que se encuentra en peligro de extinción en Panamá, y establecer una Asamblea Constituyente que garantizara una real independencia de los poderes del Estado, que conllevara una justicia objetiva, transparente para todos, y una Asamblea Legislativa que en realidad fuera a legislar para representar a sus electores y no estuviera sometida a los lineamientos del Presidente, al punto que en su toma de posesión el 1 de julio del 2014, con motivo de sus promesas le pidió la renuncia al Magistrado JOSE AYÚ PRADO, quien ahora es su más cercano colaborador.

Hoy vemos como la Monarquía Panameña cada vez gana más terreno y poder, amparada por los grupos económicos, con compras, licitaciones directas, y contratos millonarios a empresas cuyos socios son los amigos y donantes de campaña, allegados al Presidente Varela, incluso de consejeros y jefes de cartera señalados en actos ilícitos, pero que el Ministerio Público ni la Corte Suprema de Justicia, apéndices del Ejecutivo, investigan a los que la población denomina “los intocables del Gobierno”.

Sobrecostos, adendas, componendas, nombramientos sin consulta, actos de corrupción con los llamados Crisoles de Razas para engrosar las partidas discrecionales de la Presidencia, sobrecostos en la Ampliación del Canal de Panamá por más de 5 mil millones de dólares sin que el Ministerio Público se digne a investigar este desfalco multimillonario, privatización del agua, camarones legislativos como el artículo 69 de la descentralización que introduce los nefastos reavalúos para aumentar los impuestos de las casas convirtiéndolo en un impuesto expropiatorio porque al no poder pagarlo, le rematarán los hogares a los panameños, represiones a los ciudadanos que protesten por la destrucción de nuestras cuencas hidrográficas manglares, humedales y áreas verdes, concesiones multimillonarias otorgadas a favor de los donantes de campaña, exonerándolos del pago de impuestos, pero que a su vez son cargados a la clase media, y profesional, asfixiada cada día por tanta carga tributaria, sin contar con la desaceleración de la economía, baja ejecución presupuestaria y creciente burocracia en las entidades públicas, fórmula perfecta que empobrece a los sectores populares y medios, pero para tenerlos sometidos, justifican regalándoles migajas disfrazadas de subsidios.

El actual Gobierno tiene el mismo comportamiento superficial, frívolo, extravagante, lascivo, derrochador, disoluto, desenfrenado, depravado, menospreciativo, vulgar, e indiferente, característico de los miembros de la Corte de Versalles, pero olvidan nuestros gobernantes que la historia se repite, y así como la Monarquía Francesa desapareció por los abusos y excesos de sus monarcas, los electores panameños cansados también pasaran su factura política, guillotinando, en el buen sentido de la palabra, a los que actualmente nos gobiernan.